Berlinale:

Gemma Casadevall

Berlín, (EFE).- La Berlinale cumplió este domingo su tradición de dedicar una jornada adicional al Día del Espectador, la seña de identidad de un festival popular que en esta 70 edición mantuvo su buen nivel de venta de entradas al público con menos películas programadas.

Un total de 340 filmes se proyectaron a lo largo de once días de festival, en lugar de los 500 que solían programarse en ediciones anteriores. La venta de localidades al público aumentó en los primeros seis días de festival un 10 % -se llegó a 272.000, según el balance parcial-.

Para el recuento final habrá que esperar las cifras generadas este domingo, con proyecciones todo el día y en salas de toda la ciudad. Pero se espera que se sitúen sobre las 330.000 localidades vendidas, indicó a Efe Frauke Greiner, responsable de comunicación del festival.

El Día del Espectador siguió a la gala de los premios del sábado. El Oso de Oro fue, de nuevo, para una película iraní, “There is no Evil”, cuyo director, Mohammad Rasoulof, no acudió al festival porque Teherán no le autorizó a viajar. Se vivió así una situación parecida a la de 2015, cuando recogió el máximo galardón por “Taxi” la sobrina del cineasta Jafar Panahi, inhabilitado entonces -como ahora Rasoulof- para rodar y salir del país.

Hubo emoción, lágrimas y declaraciones vía skype de Rasoulof difundidas por el equipo del filme premiado. El cierre de la gala se convirtió en un homenaje al líder ausente y, a la vez, en denuncia de la situación en Irán. También hubo quejas de quienes consideran que el jurado, presidido por el actor británico Jeremy Irons, premió la valentía política, no la cinematográfica.

La cinta es un alegato contra la pena de muerte en Irán. A cambio, se fueron de vacío dos filmes aclamados por la crítica -la estadounidense “First Cow”, un antiwestern entre amasadores de galletas de Kelly Reichardt, así como “Days”, el cine sin palabras del taiwanés Tsai Ming-Liang.

LOS HÉROES DE QUIENES PAGARON POR SU ENTRADA

Para el público corriente, los que hicieron cola día a día para comprar su entrada, los héroes están en otras secciones: “Chico ventana también quisiera tener un submarino”, del uruguayo Alex Piperno y proyectada en “Forum”, ganó el premio de los lectores del diario “Der Tagesspiegel”; la ganadora por votación popular de la sección Panorama fue la serbia “Otac” (“Father”), sobre un viudo sin recursos que lucha por la custodia de sus hijos; y, en documentales, “Welcome to Chechnya”, sobre el duro activismo pro colectivo LGTB en Chechenia.

“La historia de ‘Chico ventana’ desató pasiones en nuestro jurado lector como no recuerdo en años”, explicó a Efe Christiane Peitz, crítica de “Der Tagesspiegel” y encargada de entregar su premio a Piperno. “La Berlinale tiene corazón para películas pequeñas”, afirmó el desbordado Piperno, premiado con su primer largometraje alrededor de un submarino por la Patagonia equipado con una puerta prodigiosa.

“La Berlinale nos permite ver en la gran pantalla del multicine aquello que el resto del año se proyecta, con suerte, en alguna sala off”, comentó Hanna Zimmermann, berlinesa dispuesta a apurar la Berlinale el domingo con la alemana “Nackte Tiere” -“Naked Animals”-, de la sección “Encounters” para nuevos lenguajes en el cine.

“Nackte Tiere” es la historia de cinco jóvenes en el mundo semirural de Brandeburgo, el “Land” que envuelve Berlín. Compartió esa nueva sección del festival con “Gunda”, del ruso Victor Kossakovsky, un documental-biografía cuya protagonista es una cerda. Y, también, con “Los conductos”, del colombiano Camilo Restrepo, ganador del premio a la mejor ópera prima entre todas las secciones de la Berlinale.

“La sección ‘Encounters’ es la apuesta personal de Carlo (Chatrian) por dar el espacio a los nuevos talentos”, explicó, en un aparte del festival, la codirectora de la Berlinale, Mariette Rissenbeek. El italiano Chatrian -exdirector del festival de Locarno- y la holandesa Rissenbeek se estrenaron en esta 70 edición del festival como dirección colegiada de la Berlinale.

Chatrian era el responsable de la parte artística. Rissenbeek, de la gerencia y las finanzas. El primero logró un nivel de calidad por encima de lo que fueron los últimos tiempos bajo el liderazgo de Dieter Kosslick, director en solitario durante 18 años. El reparto de Osos fue discutible, aunque no escandaloso, como había ocurrido más de una vez en la “era” de su antecesor.

Rissenbeek, por su parte, mantuvo la Berlinale como un festival cuya razón de ser es el público, no las estrellas sobre la alfombra roja -por mucho que su ausencia irrite a los medios, ansiosos de visibilidad para el festival-. EFE

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