Nacho Carretero junto a Miguel Angel Silvestre, protagonista de 'En el corredor de la muerte'

Son muchas las voces que hablan sobre la situación del periodismo y sobre si es buen o mal momento para ejercerlo, ¿qué es lo que opina?
Yo creo que todos los momentos son los mejores si a ti te gusta y si estás convencido. Yo lo hablo con estudiantes y jóvenes que recibís una avalancha de pesimismo descomunal. Creo que el periodismo vive un buen momento en el sentido de que está creciendo, está sacudiéndose un poco ya la crisis y está habiendo oportunidades. Es un periodismo cada vez más exigente y más preparado. Las nuevas generaciones son mucho más conocedoras de la realidad, tienen muchas más herramientas, muchos más medios, es más exigente con la profesión. Hay muchas cosas que mejorar, matizar, hay mucho margen de mejora pero no hay que fustigarse, el periodismo vive un momento positivo, va progresando.

Y centrándonos en la serie de “En el corredor de la muerte”, ¿cree que el publico está preparado para ver en televisión historias tan duras y que son reales?
Yo creo que sí. Hoy en día los canales de información son tantos que nos llega un bombardeo de realidad enorme. Antes ocurría una tragedia o una desgracia al otro lado del mundo y lo más probable era que la gente no se enterase aquí. Ahora te enteras de todo en cualquier momento, en cualquier parte del mundo. Nos estamos haciendo a la realidad. La cuestión está en cómo se cuentan las cosas. Las realidades son muy duras en muchas ocasiones y hay muchas maneras de contarlas, siempre que sea respetando los hechos y desde un punto de vista periodístico manteniéndote fiel a la realidad y consiguiendo, en este caso con una serie de televisión, ser sutil, ser elegante, tener calidad a la hora de transmitirlo. Creo que el espectador agradece una historia así, una realidad que además de entretener le ayude a formarse.

¿Se conoce realmente la historia de Pablo Ibar?
No, no se conoce. Yo creo que va a sorprender en el sentido de que la serie hace un repaso entero a la historia desde que Pablo era joven hasta la actualidad presentando los detalles de la historia, todos los giros y todos los errores que se han cometido en este caso. Tú puedes leer muchos reportajes, muchas noticias, incluso mi libro y te haces una idea detallada de lo que es este caso. Cuando lo ves suceder, ficcionado, es cuando de verdad empatizas con el caso, te pones en la piel de la familia, del propio Pablo y entiendes la dimensión de lo que estamos hablando.

¿Por qué decidió empaparse tanto de esta historia y escribir sobre ella?
No sé si tanto lo decidí yo o si no me quedó más remedio. Yo descubrí la historia, en el año 2011 aproximadamente cuando yo trabajaba en el Diario Qué. Lo primero que hice fue hablar con Tanya, la mujer de Pablo, por Skype y me contó la historia y pensé que era una historia tremenda. Fue un poco como una alerta que tenemos, o deberíamos tener, los periodistas. Encuentras una historia buena, una historia que sabes que es potente y sabes que tienes que seguir con ella. Por eso digo que quizás no la elegí yo porque me vi empujada a seguirla, no podía abandonarla. Cuando tuve la oportunidad meses después de ir al corredor de la muerte en Florida y entrevistar a Pablo ahí ya me quedé conectado para siempre a la historia, conocí a la familia y tuve claro en ese momento que esa historia debía seguirla y que algún día tenia que darle alguna forma.

¿Y cómo fueron esos encuentros con Pablo?
No fueron fáciles porque el corredor de la muerte es un lugar muy complicado. Yo estuvo dos veces allí y es un lugar extremadamente desagradable, es el sitio donde nadie quiere estar, donde el cuerpo nada más entrar te pide salir inmediatamente de ahí. Entonces en ese sentido el contexto fue muy complicado. A la vez una experiencia como periodista brutal, una oportunidad de entrevistar a un condenado a muerte en el corredor de la muerte es una experiencia periodística muy potente. A la vez fue muy agradable poder hablar con él cara a cara, poder percibir lo que él siente y lo que piensa, todo eso fue muy importante para mí a la hora de poder trabajar después. De ahí surgió una conexión que se convirtió en definitiva. Desde que estuve con él esas veces nunca hemos dejado de estar en contacto a través de la familia o a través de cartas. Es verdad que en ese momento y en ese lugar es una experiencia difícil pero fue algo que fue muy positivo y muy importante para mí.

Y a la hora de rodar la serie, ¿ha formado parte de la la toma de decisiones como, por ejemplo, el reparto?
No, yo pongo la materia prima que es la investigación y el libro. Bambú, la productora, como ya nos conocemos de ‘Fariña’ y tenemos un muy buen feeling, contó conmigo para el equipo de guión. Yo no soy un guionista en el sentido estricto de la palabra, sino que al equipo de guión lo que aporto es la documentación, la investigación, el contacto con la familia, los sucesos reales, les hago la labor periodística de ese guión. A partir de ahí, Bambú se preocupa de todo lo que tiene que ver con un mundillo que yo no controlo como para meterme en eso, ni se me ocurriría vamos.

Periodísticamente, siempre trata temas muy potentes como la historia de Pablo Ibar o Fariña, ¿está inmerso ahora mismo en algún otro tema de esas dimensiones?
Estoy con un par de proyectos, lo que pasa es que aún son un poco embrionarios y estamos empezando a desarrollarlos. Aun así todos siguen la misma línea: una investigación periodística, una historia que tenga un recorrido periodístico amplio y que luego se pueda traducir a otros canales como puede ser una serie de ficción. Lo audiovisual en España ha crecido un montón y tiene mucha fuerza y ha descubierto el periodismo y el periodismo, que también estaba un poco cerrado a transformarse de esa manera, le ha dado la mano. Creo que ahí hay un espacio muy bueno, muy positivo, que está dando muchos frutos porque hay muchísima materia prima, muchísimo buen periodismo que puede surtir a un mundo como el audiovisual que ahora mismo está creciendo a una velocidad tremenda y necesita historia

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